El encanto del ridículo
Ya lo he dicho muchas veces, erl ridículo puede llegar a convertirse en una forma interesante de entretenimiento ya se si se hace bien o termina siendo producto de la casualidad. Mi ejemplo favorito es la serie animada Spongbob Squarepants (Bob Esponja) que es una apología al ridículo que para colmo se ridiculiza a sí misma en la película. El resultado: genialidad.
De otro lado, un ejemplo de la forma en la que las mismas personas se ridiculizan (con un objetivo) son los reality shows. En la mayoría de los casos los resultados son bastante aburridos que no vale la pena dedicarles un minuto de la vida y en otros se llega a tal extremo que los vemos por lástima. Sin embargo, de vez en cuando aparece alguien que se escapa a los canones del ridículo (si es que existen) y engancha con la audiencia de tal forma que es difícil no sentirse atraido por este personaje.
Confieso que ésa es una de las razones por las que veo American Idol, el año pasado surgió ese extraño ser llamado Sanjaya Malakar, quien sin querer queriendo fue avanzando fecha tras fecha hasta convertirse en el peor problema para los productores del show (si ganaba alguien que cantaba mal y solo por los votos la credibilidad se iba al diablo). Sin embargo el buen Sanjaya se disparó al pie justamente haciendo lo que no debía: realizar una buena interpretación. Ese fue su fin.
Así que otra vez estamos en el inicio de una nueva temporada de American Idol. Justamente es la etapa de las audiciones el mejor momento para ver gente haciendo el ridículo tratando de imitar a los ilustres William Hung y Sanjaya Malakar. Claro, requiere mucho el lograrlo. Este año quien robó nuestras sonrisas fue Renaldo Lapuz, un filipino que armado de un traje deslumbrante logró una de las interpretaciones más notables de American Idol. Les juro que me quedé dormido viendo las audiciones de Dallas hasta que esto me despertó
Díganme si no es pegajosa la canción, si no les emociona la interpretación de Renaldo. No queda otra más que unirnos a él y agradecer a Simon Cowell por todos los talentos que llegan hasta él en busca de una oportunidad.
¡Que Steve Jobs (a.k.a. Dios) te bendiga Renaldo Lapuz!
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